Primera postal de Budapest

 

Desde el autobús sientes

morir septiembre en la ribera del Danubio.

Te arrimas a frases que son laberintos,

a mujeres cansadas sobre suelo gris.

a madres e hijos en patinete.

 

El alcohol que emerge de las aceras

se condensa en las camisas de los conductores diligentes,

en el tráfico de bicicletas en el puente,

en los tranvías sonámbulos.

 

También hay aquí señores frágiles que comparan

los precios de los yogures

en las neveras del supermercado.

Y niños que dicen “igen, igen”

a sus padres que dicen “nem, nem”

en la sección de chocolatinas

Una mano tímida que te sostiene sin demora la puerta.

 

Alguien que no puede contener su alegría en el ascensor,

y alguien que no puede dejar de observar la piel de gallina en su cuello.

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