Mijas, el claro de luna y la bailaora milenaria

No hay patria, hay tierra,

imágenes de tierra,

polvo y luz en el tiempo.

Octavio Paz

 

La vida vuelve a ser estos días,

una calle de sol,

una pregunta atrevida,

la falta de referencias

elevada a la alegría de poder hablarte

a ti y a ti y a ti.

*

Me acuesto a la espalda del mar,

dejando que el calor  bese mis párpados,

el cielo va llenándome la piel

con sus manos claras,

me entrego al rumor de las algas

(su música es el eco de lejanos temblores marinos).

*

Los niños corren en la orilla,

bañados en luz de luna,

se brasean lentas las sardinas

del chiringuito Tropical.

Una mujer de piel de chocolate

trenza el pelo rubio de una joven extranjera

y el aire fresco limpia la playa.

*

En la plaza de la Constitución despertaban los primeros acordes de una alegría. La gente se iba arrimando al centro de la plaza: un tablao con cuatro sillas verdes. Unos minutos espesos, de percusión baja y grave, anticipaban el movimiento, tomando la forma del silencio sosegado que precede a las tormentas. En el momento preciso, en una transición perfecta de la silla al centro del tablao, se puso en pie la primera bailaora, y empezó a despegar lentamente el brazo derecho del costado de su cuerpo robusto, y yo sentí que crecía la rama de un árbol milenario.

 

 

 

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