A mis amigos

He abusado de los signos intencionales,

de la confianza en la telepatía.

El delfín que silba,

la ballena que canta,

o el graznido de la gaviota

habrían bastado

para cuidaros.

Aceptar,

rechazar,

perdonar,

apostar.

Tocaros con una palabra

sin significado,

no tratar de decir tanto,

no forzar el símbolo.

 

¿Cuántos latidos inconstantes puede aguantar un corazón?

¿Cuántas certezas inestables os sostienen?

¿Me sostienen?

¿Nos sostienen?

Puede ser que las señales me hieran más de lo normal.

 

 

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