El día de mi examen teórico

Primer asalto

El día de mi examen teórico desayuné muy pronto, con mi padre y mi madre. Me tomé un taza de café con leche de arroz que ahora compra mi padre y apenas aclara el café. Mientras sorbía el líquido ardiente y amargo, la olla soltaba vapor de garbanzos. Olía a casa. Mi madre comentó: «pocas ollas en Santander estarán hirviendo a las siete de la mañana», en un tono algo condescendiente, como para ella misma. Tiene aplomo, preparar la comida a esas horas antes de trabajar, mientras te haces una tostada y despiertas al pavo de mi hermano requiere de una energía desconocida para mí. Cuando salí de casa el patio estaba oscuro, lo crucé apurada mientras buscaba la más mínima guía celeste. Es octubre. Una sola estrella brillaba al lejos, sobre Peña Cabarga, su brillo constante acabó con mis nervios lo que duró la cuesta. Me encanta la ciudad minutos antes del amanecer, tan callada y silenciosa y aun marina. Me recuerda a las mañanas del colegio y del instituto, cuando las calles se estiraban y siempre me hacían llegar tarde. Viví el resto de la mañana intensamente, comí y no recuerdo que hice después, fui a ver a mi abuela y alrededor de las siete llamé a la autoescuela y me dijeron que había tenido cuatro fallos.

¡Maldita silla de ruedas por el arcén de carretera convencional que tiene que hacer caso solo a las señales del agente, y maldita avería en el túnel!… ¡¡¡y la señal azul redonda con la cruz esa!!! Prohibe estacionar y parar…joder.

 

Segundo asalto

Se abre la puerta del aula de examinaciones, ya es diciembre, una señora de mediana edad sale a la puerta con una lista, dice entre monótona y aliviada, vocalizando forzada: «empieza la tercera y ÚLTIMA sesión de exámenes de esta mañana» lo de «última» lo dice como en mayúsculas, con gran énfasis. Contengo mis nervios y empiezo a sentir indiferencia y una cierta desconfianza hacia todo lo que tiene que ver con tráfico. Dice seguidamente que irá llamándonos por orden alfabético y una compañera de dentro nos irá adjudicando una mesa. Mientras habla veo a su compañera a través de la puerta entreabierta, una señora alta y delgada, rubia teñida, algo mayor que ella, al fondo de la sala la reconozco; es la misma de la última vez, parece una azafata que va a proceder a explicar las normas de seguridad en cuanto nos sentemos. Lleva unas gafas como del un dos tres; la reconozco. Está ahí, parada, y no parece que vaya a hacer mucho más que indicarme con desgana que me siente en la mesa de la esquina de la izquierda.

Entro la primera y me dirijo, ya resignada, a mi sitio de la última vez. Es, como me había imaginado, la misma mesa. Espero a que la sala se llene, nombre a nombre, silla, silla. «Tendrán que introducir el número del NIF como en el ejemplo de la pantalla, el examen consta de 30 preguntas, tienen media hora…». Y despegamos.

 

 

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2 comentarios en “El día de mi examen teórico”

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