oscuro gemir de un año entero

La rosa

no buscaba la aurora:

casi eterna en su ramo,

buscaba otra cosa.

La rosa no buscaba ni ciencia ni sombra:

confín de carne y sueño,

buscaba otra cosa,

La rosa no buscaba la rosa,

inmóvil por el cielo

buscaba otra cosa.

CASIDA DE LA ROSA, Diván del Tamarit, García LORCA.

 

El pueblo, aletargado, hace la cena, bajo el abrazo de la montaña de eucaliptos. Una luz intermitente, suave y plena, como de luna, late en lo alto del puerto. El mar solo devuelve sonido de mar, que se derrama manso y rítmico sobre la antigua lonja. Más allá de nuestras espaldas yacen las rocas, dormidas. Somos una isla: al norte un barco se acerca, al sur la gente recogida en sus casas, al este las rocas, al oeste el puerto.

Y yo quiero ser el faro, necesito ser el faro. Tengo la tripa cerrada, tengo una pena en la sangre, y te lo debo. Déjame ser faro.

 

 

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