Pleamar

Era una noche fría de noviembre, volvía sola a casa,

cuando me encontré con los músicos de la Porticada.

Irrumpió un clarinete,

luego un saxo,

y una guitarra

El suelo ya no era suelo,

no me escuchaba las pisadas.

Benitos músicos que en plaza helada

han llenado mis oídos,

han inyectado emoción a este centro-fantasma.

 

Mucha gente me ha hablado mal de mi ciudad,

Santander: la del banco, el puerto y la bahía,

la de los leístas.

El caso es que yo nunca he hablado mal a nadie de su ciudad

Nunca le he dicho a nadie: «no me gusta tu ciudad».

Mucha gente me ha dicho: «qué pereza Santander»,

o : «Es que la gente de Santander…», o «si no tiene nada, Santander».

De los comentarios el último me parece el peor.

Vamos, toda ciudad tiene una plaza, un edificio, un parque,

un puente, una iglesia, un comercio,

una librería,

un graffiti,

un museo,

avenida, cuesta o paseo,

un amigo, que rescatar.

 

Por eso, no entiendo que hables mal de mi ciudad

No por ello me caes mal,

pero tampoco bien.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s