El invierno

El tiempo pasó. Pero el tiempo se divide en muchas corrientes. Como un río, hay una corriente central rápida en algunos sectores y lenta, hasta inmóvil, en otros. El tiempo cósmico es igual para todos, pero el tiempo humano difiere con cada persona. El tiempo corre de la misma manera para todos los seres humanos, pero cada ser flota de distinta manera en el tiempo.

Lo bello y lo triste, Yasunari Kawabata

 

Llegar a la estación y pensar ¡yo soy de aquí! Llegar a la estación y sentir que estás en casa. La cafetería cara, en la  que solo hay croissants rancios de jamón y queso, en la que nunca has parado, se me hace entrañable. Las escaleras mecánicas son más accesibles que las de ninguna otra estación. El andar de la gente, te suenan las caras, te agrada el aire al salir. Estás en tu ciudad, eres parte de su cielo y su suelo, te reconocen las farolas y los bancos. Por muy irreal que te haya llegado a parecer, tu ciudad existe, estás allí. Es un ciclo, es un carrusel imparable, un tren que no termina su viaje, es mucho más que una ciudad de mar. Es azul, gris y húmeda. Es marinera, triste y bella.

Y estas ganas revisadas de llorar, de abrazar todo por un momento, de estrechar a mis amigos que no están, es solo un reflejo de la ciudad. Santander y sus ecos, mareas de mi mente, arena de la memoria compartida e incompleta. La vida, en esta noche solitaria de viento sur me tiene agazapada en un rincón de la cama, mi cansancio en duelo con mi genio, mis párpados lentos e intermitentes enfrentados al papel que se rellena de nostalgia, más adentro de las palabras. Ella llena mi ser, a veces, y quiere apoderarse del presente, pero ya no quiero morirme siendo ayer.

Me acompañan los ruidos de la noche, latir cansado de ausencia, me acompaña una cana: soy joven con cana.

 

He habitado en un nombre. De repente

la ciudad que me hizo se deshace,

excluye de su tiempo mi experiencia.

[…]

¿Dónde estoy?, ¿son recuerdos heridos?

Enero, L.G. MONTERO

 

Pienso, como pensaba,

serenamente en mi tristeza,

es ya la madrugada,

y veo en cada silla de mi cuarto

sentado un gran fantasma.

Poema de juventud, GLORIA FUERTES.

 

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