En la biblioteca

Se podía haber puesto a su lado por varios motivos: La sombra perfectamente difuminada que llevaba hoy, que le hacía la mirada gatuna; o su pelo limpio que brillaba de una forma nueva.  Ella enviaba vibraciones positivas a través de sus movimientos suaves, la camisilla de flores desenfadada de él parecía captarlas. De pronto, Martina sentía ganas de invitar a un chico atractivo a un café, algo que no se le había pasado por la cabeza desde el otoño pasado.

Él se podía haber sentado a su lado por diferentes razones: igual el ala oeste de la biblioteca le parecía más tranquila o luminosa, eso era por lo que ella se sentaba allí; o quizá fuera porque los baños y la máquina de café estaban cerca. También podía haberle llamado la atención la planta que habían puesto justo entre esa fila, pegada a las ventas, y la de detrás: la típica palmera de interior de los portales, que a Martina no le acababa de convencer.

La razón más probable, como después confirmaron los hechos, es que aquella era la única fila con enchufes, donde el chico pudo conectar su móvil para revisar Instagram.

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