nadie nos enseña dónde parar

En este lado del mundo, nadie nos enseña dónde parar.

La casa y su sofá y la televisión: y otra televisión en la salita. Y la hipoteca. El coche y su seguro, los niños detrás con el cinturón y con sus abrigos, y otros en el armario. Sus móviles con sus fundas y sus notificaciones y las tarifas mensuales, y otras para los meses que siguen. La gasolina y la compra en el Corte Inglés, más gasolina y las guerras que traerá su escasez. La depilación láser de la niña cuando crezca y sus clases de inglés,  y los títulos que van a necesitar, ella y su hermano, y su amiga María, y los que no puedan…lo necesitarán también. No hay tiempo ni dinero para clases de baile, o de teatro, o de piano (imagina tener tiempo…), hay que estudiar para ir a la Universidad, el templo del saber. Y la chica que limpia porque vosotros trabajáis mucho para comprar otra tele y más gasolina y un móvil nuevo a vuestros hijos, y más compra en el Corte Inglés, y un coche a los niños, que lo necesitarán, junto al título de inglés, para trabajar más que vosotros.

Hay que ser productivo.

 

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