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De camino a casa, con tres grados y un saco de estrellas al hombro, me paré en medio de la plaza y recordé aquel día en que sentí que nunca había sido tan tarde. Tan tarde que me veía sentada en la playa, barrida por el eco de todos zarpando y yo mirando: y los peces breathing in and out y la gente segura de su camino o perdida tan solo en su seguridad. Hoy es más tarde que aquel día.

Ahora lo explico: nunca fue tan grande la carga, la llevé, fue coraza, y velo y barrera y silencio. Fue matar la música, impedir el vuelo, frenar las palabras, tapar la luz y forzar a una pluma.

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